Es la primera pregunta de casi todo el que se decide a acomodarse los dientes de grande. Las dos técnicas mueven los dientes; lo que cambia es cómo, cuánto se nota y cuánto te cambia el día a día.
La diferencia de fondo
Los brackets van pegados al diente y trabajan las 24 horas a través de un arco metálico. No dependen de vos: una vez colocados, no se sacan hasta terminar.
Los alineadores invisibles son placas transparentes removibles que se cambian cada cierta cantidad de días. Cada una mueve los dientes una fracción de milímetro, siguiendo una planificación digital hecha desde el principio.
Estética
Es la ventaja más obvia de los alineadores: son transparentes y se adaptan a la forma del diente, así que en una conversación normal casi no se ven. De cerca se pueden llegar a notar los attachments, unos puntitos del color de tu propio diente que sirven para que el alineador agarre mejor.
Los brackets se ven. Hay opciones estéticas —cerámicos, o linguales por la cara interna— pero son más caras y, en el caso de los linguales, más incómodas al principio.
Higiene
Acá la diferencia es grande y se subestima. Con alineadores te cepillás y usás hilo como siempre, porque te los sacás. Con brackets, cada alambre es un lugar donde se acumula placa: hace falta cepillo interdental, más tiempo y más constancia. Las manchas blancas alrededor del bracket al terminar el tratamiento son una complicación conocida y vienen de higiene deficiente.
Comidas
Con brackets hay una lista de cosas que no podés comer: caramelos duros, garrapiñada, chicle, morder una manzana entera. Un bracket despegado es un turno extra.
Con alineadores no hay lista, porque comés sin ellos. Lo que sí hay es una regla: solo agua con los alineadores puestos. Café, gaseosa o vino los manchan, y las bebidas calientes los deforman.
Molestias
Las dos técnicas aprietan cuando el diente se está moviendo. La diferencia es el tipo de molestia: los brackets suman roce en labios y mejillas, sobre todo las primeras semanas y después de cada ajuste. Los alineadores no tienen partes filosas, así que la molestia es solo presión y se concentra en los primeros días de cada placa nueva.
Constancia
Es el punto donde los alineadores pierden. Funcionan si los usás la mayor parte del día. Si te los sacás seguido o te olvidás de ponerlos, el tratamiento se estira y los dientes dejan de seguir la planificación. Los brackets no te dan esa opción: para bien y para mal, trabajan solos.
Si sabés que no vas a ser constante, decilo en la consulta. No es un problema, pero cambia la recomendación.
Controles
Con brackets los ajustes suelen ser cada 15 a 30 días. Con alineadores se espacian: en Sonrisse son cada 45 días, porque los cambios de placa los hacés vos en tu casa. Menos viajes y menos días pedidos en el trabajo.
¿En qué casos conviene cada uno?
Los alineadores resuelven muy bien apiñamientos leves y moderados, rotaciones, dientes separados, mordidas cruzadas y resaltes de origen dentario. Los casos con un componente esquelético fuerte, o que necesitan movimientos de raíz muy complejos, pueden requerir brackets o un abordaje combinado.
Eso no se define por foto ni por WhatsApp: se define con el escaneo 3D y la radiografía panorámica sobre la mesa.
Lo que sí es igual en los dos
La contención. Termines con brackets o con alineadores, si después no usás la placa de contención los dientes tienden a volver. Es la causa número uno de gente que rehace ortodoncia a los treinta y pico habiéndola hecho a los quince.
Si querés saber si tu caso se resuelve con alineadores
En la consulta inicial te escaneamos la boca en 3D y armamos la planificación de tu tratamiento. Te la mandamos en video: ahí ves cómo se mueven tus dientes y cómo queda el resultado antes de decidir nada. Cuando la aprobás, en 10 a 15 días tenés tus alineadores.
Atendemos en Belgrano (Av. Cabildo 1117) y Recoleta (Libertad 1133), CABA, de lunes a viernes de 9 a 20. Mirá cómo funciona el precio o escribinos por WhatsApp al 11 2483 1829.
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